13 Oct 2021

POR: Javier

Ansiedad y estrés / Noticias / Psicología general

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Los famosos también hablan abiertamente de sus problemas de salud mental para romper el tabú social

El pasado 10 de octubre se celebró el Día Mundial de la Salud Mental, una de las enfermedades invisibles más devastadoras, sufridas en silencio y que afectan a millones de personas en el mundo. Por este motivo, Unicef España ha puesto en marcha la campaña en redes sociales #EnMiMente para normalizar y visibilizar este problema de salud ya que, según la Confederación de Salud Mental España, el 6,7% de la población padece de depresión y ansiedad y 1 de 4 personas tiene o tendrá en nuestro país algún síntoma en su vida.

Por ello, es importante la comunicación y no juzgar. De ahí que sea fundamental que numerosos rostros conocidos hablen de sus patologías para hacer un frente común ante la depresión, el estrés, esquizofrenia, TOC, adicciones o pensamientos suicidas. En los últimos Juegos Olímpicos en Tokio, la cuatro veces campeona olímpica Simone Biles (24) confesó su drama interior y decidió parar: “He tenido demonios mentales” y para no molestar a nadie admitió que hace un año “dormía mucho porque era lo más parecido a la muerte sin hacerme daño”. Aquellas palabras se clavaron como dardos en el corazón de millones de personas. Pero ella no es la única que ha dado la cara. Mariah Carey (52), Martin Scorsese (78), Megan Fox (35), Catherine Zeta-Jones (52) y Britney Spears (39) padecen trastorno bipolar en diferentes grados, de ahí que la ex princesa del pop haya estado tutelada y que la esposa de Michael Douglas ingresara en centros específicos. De hecho, cuando en 2011 le diagnosticaron oficialmente la enfermedad le ingresaron en cuatro ocasiones.

En Hollywood hay super estrellas que no han tenido miedo a confesar públicamente cómo sienten y padecen. También es el caso de David Beckham (46), Cameron Diaz (49) y Leonardo DiCaprio (46) quien, a pesar de tener obsesiones y manías (suele pisar los chicles pegados en el suelo desde el set de rodaje hasta su roulotte), ha logrado cobrar 30 millones de dólares por película hasta amasar una fortuna de 230 millones. En el caso del futbolista, su trastorno obsesivo compulsivo consiste en tenerlo todo ordenado por pares y en línea recta y si pernocta en algún hotel ha de poner todos los libros y papeles dentro de los cajones. El ex presidente Donal Trump (75) padece misofobia, por lo que en la mayoría de encuentros nunca suele estrechar la mano por temor a contagiarse.

LOS MÁS MEDIÁTICOS DE ESPAÑA

En nuestro país, uno de los casos mediáticos más famosos ha sido el de Raquel Mosquera (53), que ha sido ingresada en diversas ocasiones por brotes psicóticos en el Hospital Puerta de Hierro o en la López Ibor. Pero no nos confundamos. Incluso los aparentemente más fuertes, como los futbolistas de primera, también cae en el pozo negro de la depresión, como le ocurrió a Iniesta (37) a raíz del fallecimiento en 2009 de su amigo, el futbolista Daniel Jarque y por una serie de lesiones que motivaron que cayera en un pozo (casi) sin fondo. Con la ayuda de una psicóloga y varios psiquiatras logró vencer a la enfermedad y marcó el gol que dio la victoria a España en los Mundiales de Sudáfrica. Esta misma enfermedad la ha padecido Kiko Rivera (37), que dejó de ejercer su profesión como DJ durante unos meses para recibir el tratamiento adecuado ya que confesó en GH DÚO que su adicción a las drogas motivó que cayera a nivel mental.

En una profesión tan inestable como la actuación, hay intérpretes que no suelen llevar demasiado bien los parones. Es lo que le sucedía a Alfonso Bassave (41), que le daba vueltas continuas a la cabeza de por qué no le contrataban, se encerraba en sí mismo y se culpabilizaba. Pero con la ayuda profesional logró soltarse y expresar lo que sentía. Pastora Soler (43) se retiró porque tenía pánico escénico, por lo que se mantuvo alejada del público durante dos años. El actor argentino Ignacio Serricchio (39) sufrió un duro golpe cuando su hermano pequeño Alejandro falleció hace cinco años al quitarse la vida por la depresión que padecía. Desde entonces, este galán afirmó a los cuatro vientos que “quiero ser la voz y el apoyo de los que sufren depresión y enfermedades mentales. Es mi nueva misión en la vida”. En España, la inversión del Gobierno para paliar los temas de salud mental es prácticamente tan vergonzosa como inexistente.

17 Sep 2021

POR: Javier

Ansiedad y estrés / Psicología general

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Crisis de ansiedad

La ansiedad, como el estrés, es una respuesta del organismo ante situaciones límites, que se caracteriza por una sensación de angustia leve o miedo, y la aparición de aceleración del ritmo cardíaco y la respiración, sudoración o sensación de flojedad. Es algo normal y que incluso puede ayudar a prender cómo afrontar situaciones complicadas.

Sin embargo, una crisis de ansiedad, sin ser un hecho grave para la salud, genera una situación de pánico que cursa con unos síntomas muy similares a los del infarto, hasta el punto de que puede confundirse con él. Ocurre de forma instantánea, sin previo aviso, y alcanza su máxima intensidad en cuestión de muy pocos minutos, pudiendo prolongarse durante unos pocos más.

Síntomas de una crisis de ansiedad

La sintomatología puede variar en cada persona, pero se considera que se ha producido una crisis de ansiedad cuando se producen cuatro o más de los siguientes síntomas:

-Palpitaciones o elevación de la frecuencia cardiaca (taquicardia).
-Sensación de ahogo, con respiración rápida.
-Opresión en el pecho.
-Miedo o pánico. Literalmente, sentirse a morir.
-Sudoración o escalofríos.
-Temblores.
-Náuseas o molestias abdominales.
-Mareo o incluso desmayo.
-Sensación de irrealidad.
-Sensación de entumecimiento u hormigueo.

Causas de una crisis de ansiedad

Hay problemas físicos que pueden desencadenar (hipertiroidismo, consumo del alcohol o drogas, etc.) pero lo más habitual es que este tipo de episodios se asocien a causas de índole psicológica, como el estrés. También hay que considerar el hecho de que la crisis de ansiedad puede ser síntoma de un trastorno mental, como agorafobia, fobia social y otros tipos de fobias.

Sin embargo, la crisis de ansiedad no debe confundirse con lo que en psiquiatría se denomina como trastorno de ansiedad generalizado. Mientras que en este caso la persona se encuentra permanentemente mal o de forma recurrente. Quienes sufren una crisis de ansiedad se encuentran perfectamente antes de que ocurra o entre una crisis y otra.

¿Qué hacer ante una crisis de ansiedad?

Lo normal es que la primera vez que se sufre un ataque de ansiedad y no se reconocen los síntomas se acuda a Urgencias ante la posibilidad de que se trate de un infarto. Pero cuando ya se ha sufrido en alguna ocasión es posible controlarlo. Lo primero es mantener la calma, no dejarse llevar por el miedo y tratar de normalizar la respiración inspirando por la nariz y expirando por la boca de forma rítmica y cada vez más pausada. Tomarse el pulso mientras se realiza esta maniobra permitirá comprobar como el ritmo cardíaco recupera poco a poco la normalidad.

En cualquiera de los casos es importante consultar con el médico y tratar de identificar qué ha motivado la crisis de ansiedad o si existe algún trastorno psicológico subyacente. En función de ello podrá instaurarse el tratamiento más adecuado en cada caso, pudiendo éste contemplar el uso de fármacos y/o terapia psicológica cognitivo conductual.

Cuando el estrés ha sido el desencadenante de la crisis, en la mayoría de los casos no es necesario ningún tipo de tratamiento, pero si adquirir hábitos saludables de vida que ayuden a prevenir nuevos episodios. El ejercicio físico es una buena manera de descargar el estrés y relajarse.

31 Ago 2021

POR: Javier

Ansiedad y estrés / Psicología general

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Cómo salir del pasado para mirar al futuro

¿Has tenido alguna vez la sensación de estar varado, de que tus propósitos y proyectos no acaban de arrancar? Se puede experimentar como un imán misterioso que nos retiene en su campo de fuerza. Por más que queramos avanzar, nos cuesta movernos y al final siempre acabamos en el mismo sitio.

Esta fuerza paralizadora afecta a las personas que eligen siempre un tipo de pareja que no les conviene, por ejemplo, o las que repiten una y otra vez los mismos errores; en suma, las que tienen la impresión de que su vida es un disco rayado en el que siempre suena el mismo pasaje.

¿Por qué sucede esto? ¿Y cómo salir del bucle?

Si queremos ser realmente libres, hay que renunciar a hacer pronósticos y aceptar que la vida es una aventura constante.

Einstein decía que “los problemas no pueden ser resueltos en el mismo nivel de conciencia que los creó”. Para detener ese generador interior de conflictos e insatisfacciones, primero debemos ser conscientes de que cargamos con esa pesada maquinaria que produce siempre los mismos resultados. Una vez identificada, podemos deshacernos de ella y las cosas empezarán a suceder de modo diferente.

El problema es que a menudo tenemos puesto el piloto automático y no somos conscientes de hacia dónde vamos. Desconocemos la inercia de nuestra mente. Si lo apagamos, de repente nos encontraremos con otros caminos y con nuevas soluciones.

El piloto automático opera a menudo desde el ­pasado, como apunta Otto Scharmer, creador de la Teoría U. En sus propias palabras: “La energía sigue a la atención. Por eso no debemos centrar nuestra atención en aquello que tratamos de evitar, sino en aquello que pretendemos que suceda”.

Por ejemplo, una persona que está resentida por las decepciones del pasado buscará sin darse cuenta esos mismos resultados en todas sus acciones y relaciones, porque está anclada en el bucle de lo que ocurrió, no en lo que puede ocurrir.

La Teoría U dice, entre otras cosas, que mientras no nos desprendamos de los viejos miedos y prejuicios, para lo cual usa la expresión inglesa let it go, no dejaremos espacio para que suceda nada verdaderamente nuevo en nuestra vida, let it come. Si no soltamos el lastre del pasado, no habrá espacio para que la vida nos sorprenda con nuevas direcciones y acontecimientos.

¿Y cómo podemos liberarnos del pasado? Básicamente reconociendo las creencias que nos mantienen encadenados para desactivarlas. Si durante años nos hemos repetido mantras del tipo “Nada me sale bien”, “Jamás tendré un céntimo” o “Todos los hombres o todas las mujeres son iguales”, de forma inconsciente estaremos alimentando la profecía y contribuiremos a que las cosas nos salgan mal, a seguir en la pobreza y a elegir el mismo tipo de compañeros.

Cuando escapas de todas esas ideas preconcebidas y te despides amistosamente de tu pasado —lo que implica perdonar a los que te han hecho daño, incluyéndote a ti mismo—, de repente se abre un espacio inmenso ante ti. En ese punto, la vida deja de ser repetitiva para recuperar la magia imprevisible de los niños.

Es el momento de cambiar. ¿Cómo hacerlo? Si queremos ser realmente libres, hay que renunciar a hacer pronósticos, aceptar que la vida es una ­aventura en la que cualquier cosa puede suceder. Pensar y actuar libres del pasado implica permitir que las cosas sucedan, dejar que la existencia nos sorprenda.

Un célebre aforismo de Jean Cocteau reza: “Lo hicieron porque no sabían que era imposible”. Los maestros del let it come, sean artistas, inventores o empresarios, se distinguen por estar siempre abiertos a todas las posibilidades. El explorador que pisa un nuevo territorio sin saber qué se encontrará descubre mucho más que el que llega a ese mismo lugar buscando fósiles.

Merece la pena desprendernos de nuestra co­lección de fósiles, ya sean experiencias, personas o visiones, para aventurarnos en una vida realmente nueva.

El árbol de los problemas

 

— Un cuento tradicional glosado por Jorge Bucay tiene como protagonista a un carpintero que, independientemente de los percances que hubiera sufrido, cada día antes de entrar en su casa tocaba las ramas de un árbol y recuperaba la sonrisa. Una vez en el hogar, disfrutaba de su esposa y de sus hijos.

— En una ocasión, un cliente que observó el ritual le preguntó en qué consistía: Ese es el árbol de los problemas —explicó—. Dado que siempre habrá disgustos, no quiero que entren en mi casa ni que los tenga que sufrir mi familia. Por eso, al terminar el día, los cuelgo en ese árbol y los recojo de nuevo a la mañana siguiente, aunque siempre hay menos y de menor tamaño.

— Esta misma enseñanza se aplica a los sufrimientos del pasado. Si los dejamos fuera de nuestro hogar interior, donde se construye el presente y el futuro, irán perdiendo importancia hasta desaparecer.

— La mente es un amplificador de lo que nos sucede, pero nosotros decidimos si encender o apagar el interruptor. Si está encendido, todo cobra una importancia excesiva, y el volumen aumenta si contamos a los demás —y a nosotros mismos— nuestras calamidades. Pero si nos permitimos sentir el dolor pero no interpretamos, eliminamos el parloteo interior, apagamos el interruptor. Siguiendo el aforismo de Buda: “El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.”

25 Ago 2021

POR: Javier

Ansiedad y estrés / Psicología general

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¿Por qué nunca tengo tiempo?

Tres leyes enunciadas en 1957 explican las causas de nuestra mala gestión de la agenda. Deje de hacerse esta pregunta y empiece a planificarse mejor.

Da igual los planes que hagamos para organizarnos mejor. Al final del día sentimos que nos falta tiempo para todo. Incluso durante el confinamiento, muchos creíamos tener una generosa provisión de horas, pero la jornada seguía esfumándose. ¿A qué se debe esta escasez endémica de horas que al final cuesta la vida?

Para quienes ejercen su profesión desde casa, bien porque ya lo hacían antes o porque se han incorporado al teletrabajo, esta pobreza se explica en la primera ley de Parkinson. Fue enunciada en 1957 por Cyril Northcote Parkinson, historiador naval británico que ironizaba sobre la burocracia. Y dice: “El trabajo se expande hasta llenar el tiempo de que se dispone para su realización”.

La segunda ley de Parkinson, “Los gastos aumentan hasta cubrir todos los ingresos”, también tiene que ver con nuestra escasez de tiempo. Dado que el dinero se obtiene a cambio de horas de trabajo, vivir al límite de nuestras posibilidades implica muchas veces vivir al límite de nuestra agenda.

La tercera ley reza: “El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia”. Puede chocar de entrada, pero tiene su explicación. Tal como afirma Cristina Benito en su libro Time Mindfulness, “la falta de tiempo es en realidad una falta de prioridades que tiene su origen en la comodidad, llevando a cabo en primer lugar lo que nos resulta más sencillo”.

Esta economista señala que las tres leyes no solo se aplican al trabajo, sino que se extienden a la gestión del tiempo libre, donde tendemos a llenar cada hora disponible. En su origen estaría el llamado horror vacui, expresión latina que puede traducirse como “horror al vacío”. Y así como en determinadas épocas del arte, por ejemplo el Barroco, el artista tendía a llenar todo el espacio disponible, lo mismo hacemos hoy con nuestra agenda. Sobre los motivos que nos llevan a copar todos los vacíos temporales, Cristina Benito señala tres:

Una fijación equivocada por la productividad. Nos ocupamos todo el tiempo, partiendo de la base de que solo lo “lleno” aporta valor, como los artistas barrocos. Sin embargo, lo vacío es necesario para que puedan surgir nuevas ideas. Warren Buffett tiene como herramienta clave una libreta en blanco que enseña en las entrevistas. En sus propias palabras: “Tienes que controlar tu tiempo. Frente a las exigencias de tener reuniones y cosas así, sentarse y pensar puede ser una alta prioridad”.

La obligación autoimpuesta de complacer a los demás. Llenamos huecos de nuestra agenda con peticiones ajenas: acudir a una reunión, a una fiesta, a un compromiso determinado. Muchas veces no nos apetece y preferiríamos quedarnos en casa leyendo un buen libro o dar un paseo. Cumplimos por miedo a perder la consideración de los demás, y ese miedo lo pagamos con tiempo: la única divisa que no podemos reponer.

El miedo al encuentro con uno mismo. Trabajar y atender compromisos llenan toda la agenda y nuestro espacio mental, lo cual nos impide pensar. Esto nos libera de hacernos preguntas incómodas que se pueden resumir en una: ¿es esta la vida que quiero llevar? Cargarnos de ocupaciones y de ruido mental —por ejemplo, a través de las redes sociales— nos permite esquivar este desafío. Sin embargo, tal como advertía Pablo Neruda: “Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y esa, solo esa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas”.

Estar ocupados es el remedio perfecto para no pensar, instalados en el mantra del “no tengo tiempo”. El otro es vivir a toda velocidad. Cuando cabalgamos en la urgencia, el mundo se convierte en algo borroso, como lo que vemos a través de la ventanilla del AVE al pasar por una ciudad. En medio de esa carrera, además, desin­tegramos el tiempo tratando de responder al instante a cada estímulo de nuestro smartphone. Para salir de esa trampa, la escritora Diane Dreher recomienda aplicar el ma-ai, término japonés de las artes marciales que se traduce como “intervalo” y que ella considera el espacio de reacción donde reside la libertad: “No respondas de inmediato a todas las ofertas o invitaciones. Tómate tu ma-ai, tómate tiempo para pensar”.

05 Ago 2021

POR: Javier

Ansiedad y estrés / Psicología general

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¿Qué es el estrés?

Todos hemos oído hablar del estrés, e incluso muchos hemos mencionado alguna vez que estamos “estresados”, pero en definitiva ¿qué es el estrés?

El estrés puede definirse como un conjunto de reacciones fisiológicas que se presentan cuando una persona sufre un estado de tensión nerviosa, producto de diversas situaciones en el ámbito laboral o personal: exceso de trabajo, ansiedad, situaciones traumáticas que se hayan vivido, etc.

Existen varios tipos de estrés:

  • Estrés normal: las reacciones fisiológicas que se dan en nuestro organismo ante determinadas situaciones y que se definen como estrés en realidad son normales, en cierta medida. Un poco de estrés y ansiedad nos puede ayudar a afrontar y superar algunas situaciones difíciles.

 

  • Estrés patológico: cuando el estrés se presenta de modo intenso por periodos prolongados, es muy probable que cause problemas físicos y psicológicos, transformándose en un estrés crónico y nocivo que puede provocar crisis de llanto, depresión, y diversas afecciones físicas.

 

  • Estrés post-traumático: es aquel que se presenta después de que una persona ha vivido algún tipo de suceso aterrador, como puede ser un accidente de tráfico o un desastre natural. A consecuencia de estos traumas, la persona tiene pensamientos aterradores con frecuencia, relacionados con la situación que vivió. Este tipo de estrés puede aparecer en personas de todas las edades, pero los niños son particularmente propensos a sufrirlo.

 

  • Estrés laboral: se le llama estrés laboral a un conjunto de reacciones nocivas, emocionales y físicas, que se producen cuando las exigencias en el ámbito laboral superan los recursos, las capacidades y/o las necesidades del trabajador. Según un estudio llevado a cabo por la OMS, el 28% de los trabajadores europeos sufre estrés laboral, y el 20% padece el síndrome llamado “burnout”.
06 Jul 2021

POR: Javier

Ansiedad y estrés / Psicología general

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¡Me aburro en mi trabajo!

Se habla mucho de estrés en el ámbito laboral. El estrés afecta alrededor de un 28% de los trabajadores europeos según la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y Trabajo (Eurofound). Pero a nivel social, el estrés no es considerado una enfermedad laboral como lo es en Estados Unidos o en Canadá. En nuestra sociedad, el estrés goza más bien de buena reputación y suele reenviarnos a imágenes de trabajadores confiables, responsables y comprometidos. Tener mucho trabajo implica casi siempre estar permanentemente ocupado; y eso tiene algo de sexy y misterioso, atributos que no se les concede a quienes están más bien ociosos.

Por eso, si se fija, oirá hablar mucho más de cuán estresados están sus compañeros, que de lo poco que se les exige en el trabajo. Es verdad que existe un porcentaje nada desdeñable de la población que vive sobrecargada y que sufre de estrés sostenido debido a una tensión exterior continuada que provoca fatiga crónica. Se estima que viven en esta situación alrededor de un 20% de los trabajadores europeos. Pero sin embargo, no lo dude, son muchos más a los que les sobran las horas, los que sienten que se les exige por debajo de sus posibilidades, los que se aburren ante su ordenador y esconden mal su poco interés hacia su responsabilidades. Es decir, son muchos más los que sufren de boreout (aburrimiento crónico en el trabajo), una silenciosa situación laboral que se caracteriza por una tensión interior constante debida a la baja exigencia, la insatisfacción, la indiferencia y el aburrimiento.

Piense en usted o mire a su alrededor. ¿Le interesa su trabajo? ¿Ha tenido o tiene algún cargo que no le exija el 100% de sus capacidades?  ¿Dedica su potencial a tareas personales en la oficina? ¿Le sobran horas a su día laboral y calienta la silla? Muchos se reconocerán; pero pocos lo admitirán. Y es que ventilar en público que nos sobra tiempo o que no nos interesa lo poco que hacemos, queda mal. Además nos arriesgamos a que nos despidan si se dan cuenta de que nuestro valor añadido es humo y somos prescindibles. Y también  nos exponemos a que nos encomienden más tareas y responsabilidades.

Si estamos aburridos, esa podría ser la solución. Pero por muy contradictorio que parezca, quien padece de boreout, no desea que se le adjudique más trabajo, porque implica emplear una energía desmesurada y simplemente se rechaza. Prefiere entregarse a escondidas a avanzar en su proyecto personal o a montar la despedida de soltera de su cuñada mientras disimula garabateando papeles y cambiando de páginas web cuando acecha una mirada curiosa. Sí, quien está aquejado de este mal, elabora sibilinas estrategias para parecer ocupado. Y entra así en bucle.

Esa cantidad de horas muertas que dedica a su esfera más íntima, personal y oculta -como pasar meses buscando activamente casa por internet- y que en un principio puede ser reconfortante y bienvenida va generando con el tiempo tensión y angustia. El personaje que creamos ha de estar siempre vigilante, con estrategias bien pensadas y reacciones rápidas. Mantener vivo a este personaje cansa, estresa y genera desazón. Así que, por curioso que sea, podemos sufrir tensión laboral por evitar que se nos dé más trabajo. Además, al hacer menos de lo que podemos o hacer lo estrictamente necesario, nuestra confianza en nosotros y en nuestras capacidades mengua. Y la autoestima baja.

Lo peor es que casi nadie se da cuenta del inicio de este proceso, porque el  boreout es un proceso lento y silencioso. Como apuntan Philippe Rothlin y Peter R. Werder en Boreout, el nuevo síndrome laboral , “no se anuncia con un redoble de tambores. Las causas son historias que suceden todos los días. No necesita de ningún escándalo, ninguna catástrofe, ninguna carrera arruinada. Al contrario: a menudo todo transcurre a la perfección, conforme a lo planeado. (…) Todo es normal, pero, a pesar de todo, es malo. Y fatal en sus consecuencias.”

Dónde y por qué

Atención, no en todos los trabajos hay personas aquejadas de boreout. Si usted realiza un trabajo en cadena o desempeña labores con gran componente mecánico, como la de cajero o repartidor, será difícil que identifique este síndrome entre sus semejantes. De igual modo, si trabaja por cuenta propia, es altamente improbable que desarrolle estrategias de ocultación para con usted mismo. Pero si su empleo tiene que ver con el sector servicios y pregunta a sus amigos de confianza, en áreas parecidas, comprobará que hablamos de algo muy común. ¿Por qué?

Una de las razones por las que padecemos este síndrome, es porque nuestros intereses y necesidades no están bien alineados con nuestra carrera o puesto  de trabajo. Esto puede deberse a una elección profesional equivocada, motivada por presiones externas (padres o entorno social) y alimentada por promesas como la seguridad laboral, perspectivas salariales seductoras o estatus sociales envidiables. ¿Cuántos estudiantes de derecho o económicas conoce con intereses genuinos, que sin embargo hayan optado por esas carreras comodines porque sus padres les animaron a “tener la cabeza bien amueblada”? ¿Cuántos potencialmente excelentes árbitros, ilustradores, escritores son hoy en día mediocres abogados, comerciales o consultores? Existen tantas opciones a la hora de formarse que quién no tenga una vocación clara, o quién no haya indagado meticulosamente cuáles son sus intereses más profundos, corre el riesgo de no acertar en la elección profesional.

La no alineación entre nuestros intereses y necesidades también puede deberse a que no estamos desempeñando nuestro trabajo en el lugar adecuado para nosotros. Un jefe insufrible, un equipo boicoteador, una marca con la que no nos identificamos… También puede ser que prefiramos el ambiente y el ritmo de una pequeña empresa al de una multinacional y hayamos fichado para ésta última, o al contrario. En todas estas situaciones, quizá las tareas que desempeñamos en sí tienen potencial para satisfacer nuestras necesidades, pero el lugar dónde estamos no es el idóneo.

Otra causa se debe a la gran especialización de los puestos de trabajo. Podemos haber acertado en la carrera que escogimos e incluso en la empresa para quien trabajamos; pero la gran especialización que existe hace que corramos el riesgo de no acertar en la construcción paulatina de nuestra carrera. No son las mismas las tareas de un planner en una agencia de publicidad que las de un redactor o las de un responsable de cliente. Si nos equivocamos y no redirigimos, podemos vivir aburridos y con gran desinterés, cuando en el despacho de al lado hubiésemos sido mucho más felices.

Hay dos elementos que añaden drama al tema en España. El primero es la crisis. Una situación prolongada que ha tenido devastadores efectos en materia de empleo. Por supuesto, antes de aspirar a satisfacer nuestras necesidades de autorrealización y reconocimiento, debemos asegurar nuestras necesidades más básicas (vivienda, alimentación, salud). Lo primero va por delante. Pero no deberemos utilizar los escollos como excusa ante toda acción que nos dirija hacia esas aspiraciones más ambiciosas. Aprovechemos pues los tiempos difíciles para conocernos mejor, reconocer el mercado, elaborar estrategias, formarnos en la medida de lo posible y dirigirnos pausadamente hacia nuestra meta.

El segundo elemento que dificulta posibles cambios es la tradicional desconfianza que existe en nuestro país ante los giros profesionales. Un ingeniero que deja una gran empresa de telefonía para dedicarse a la ilustración es mirado con recelo. A un consultor que deja una gran empresa  para ser bombero – garantizo que he visto casos-, se le puede tildar de excéntrico o fracasado. A la hora de juzgar, no nos importa tanto la felicidad, las necesidades, habilidades y potencial de quién hace el cambio sino lo extraño que es éste a nuestro juicio.

¿Qué hacer?

Si a esta altura de la lectura hemos detectado indicios de boreout, estemos despiertos y seamos honestos con nosotros mismos a partir de ahora. Nuestra situación puede deteriorarse, y una comodidad inicial puede convertirse en una larga angustia profesional con el tiempo. Está en nuestras manos buscar soluciones.

Si bien las condiciones materiales (sueldo, responsabilidad,..) de un trabajo son sumamente importantes para muchos, el propósito o sentido de nuestro empleo es todavía mayor. Necesitamos satisfacción y reconocimiento. Es habitual encontrarse a personas que aceptan muchos perjuicios y no se permiten pensar en otra ocupación porque hoy en día es una suerte tener empleo. Pero eso no ha de ser un obstáculo para responsabilizarse de nuestra propia felicidad laboral.

Victimismo vs. Responsabilidad

El cambio empieza por responsabilizarnos. Tenemos tendencia a situar la culpa fuera. “Mi jefe no sabe llevar el equipo. La crisis hace imposible que encuentre otro trabajo. Esta empresa no sabe motivar al personal…” Cada vez que ponemos nuestra situación insatisfactoria en manos de alguien ajeno se desencadenan dos elementos ligados entre sí: el primero es la queja, que nos sume en un bucle negativo e improductivo; el segundo es que limitamos nuestras posibilidades de intervención.

Si el responsable de mi situación es el otro, pensamos que poco podemos hacer.  En caso de que hayamos detectado indicios de boreout  puede ser interesante dejarnos de echar balones fuera porque los primeros perjudicados seremos nosotros. Si reunimos algo de valor, podremos hacer que las cosas cambien. Actuando desde nosotros mismos se nos abrirán posibilidades de acción para conducirnos a situaciones más satisfactorias. Podremos por ejemplo mantener una conversación productiva con nuestros responsables para formarnos y presentarnos candidatos a otros tipo de puestos si nuestras tareas no son las adecuadas; indagar cuales son nuestros más profundos intereses, nuestras habilidades y nuestras necesidades actuales e iniciar una genuina transición profesional, si es lo que no nos satisface; empezar un proceso de búsqueda de empleo por cuenta propia o por cuenta ajena, si es el lugar el inadecuado. En este último caso, nos será mucho más beneficioso actuar en función de nuestros auténticos intereses, valores y motivaciones. No pensando en aquéllos que hacemos nuestros por las modas o que nos son sutil y machaconamente sugeridos para tener muchas opciones de futuro.

Si nos guiamos por nuestras verdaderas inclinaciones, probablemente nos descarten de muchos procesos, pero los puestos para los que no nos aparten, se adaptaran mucho mejor a nuestras necesidades y por lo tanto serán mucho más satisfactorios. Trabajamos una parte demasiado grande de nuestra vida para entregarla a la inercia del desinterés y el aburrimiento. Ponga manos a la obra.

29 Jun 2021

POR: Javier

Ansiedad y estrés / Psicología general

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En vacaciones, planifica lo justo

Evita sobrecargar tu agenda de planes, o acabarás con más estrés que el que tienes el resto del año.

Vacaciones, ¿planeadas o planificadas? Aunque la pregunta parezca un tanto absurda, hay que matizar porque de cómo hagamos el plan puede depender que consigamos el propósito de las vacaciones o bien logremos que estas sean un desastre que nos acompañe el resto del año.

La diferencia entre ambas palabras estriba en que “planear” las vacaciones supone hacer una lista de deseos sobre lo que a uno le gustaría hacer, dónde ir o qué ver. Los deseos son el primer paso para la realización de una actividad. Pero debemos separar los deseos que son viables de los que son una pura fantasía.

Por otro lado, la planificación de las vacaciones supone la realización de una “hoja de ruta”: qué se va a hacer, cuando se va a hacer, cómo se va a hacer, etc.

Tan importante es planear como planificar, y el quid de la cuestión residirá en la planificación. Planear, como decíamos, es hacer una lista de deseos. La planificación puede aumentar el éxito en la satisfacción de esos deseos pero, ¡cuidado!: lo que tenemos que planificar son las actividades que vayamos a hacer en vacaciones, no todas las vacaciones.

Esta planificación debe hacerse en función de aquellos deseos que sabemos que son viables y debemos ver cómo, cuándo y de qué manera los vamos a poder realizar. Sin embargo, tanto el exceso de planes como el rigor excesivo en la realización de los mismos pueden hacernos volver a caer en esa situación estresante de la que necesitamos huir a través de las vacaciones.

Las vacaciones perfectas, o ideales, no existen. Y el problema que puede llevar al fracaso de unas vacaciones es la idealización y la sobredimensionalización de las mismas.

Para no caer en esos errores debemos tener en cuenta varios aspectos:

  • El objetivo fundamental es el descanso, sobre todo al principio, ya que comenzamos las vacaciones totalmente estresados de la vorágine del año laboral y el cuerpo y la mente deben readaptarse a este nuevo ritmo vital. En esta fase inicial se debe realizar una inclusión progresiva a aquello que se deseaba hacer en este periodo.
  • Abrirse a las nuevas experiencias. La mente humana necesita la variedad porque de lo contrario, la mente se aburre y baja considerablemente su nivel de actividad placentera. Debemos hacer cosas nuevas, diferentes, estimulantes.
  • Es primordial planear las cosas que realmente nos apetezcan. Las vacaciones son para divertirse.
17 May 2021

POR: Javier

Ansiedad y estrés

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¿Se puede entrenar la mente para gestionar la ansiedad?

El cerebro puede ser domado igual que el cuerpo. Existen ejercicios para adquirir confianza y controlar el estrés y las emociones

Puede ser un chico cualquiera de arrabal, de familia desestructurada, criado en las humillaciones de vivir en una sociedad profundamente clasista, con una alimentación pobre, los dientes desordenados, el día en la calle pateando una bola.

Quince años después, millones de espectadores se encuentran al borde de un ataque de nervios con los ojos y el alma clavados en él, una escultura perfecta adornada con un diamante de más quilates que la edad de su oreja y un peinado bruñido como sus Ferrari. Final de un gran torneo, tanda de penaltis. La grada revienta a gritos e insultos, los gerifaltes se agarran la cartera, muchísimo dinero depende de esa patada; sus compañeros se cubren la cara para no verlo. Nadie querría estar en su lugar. El chico del arrabal avanza firme y cabizbajo hacia el punto exacto. Allí está solo con el balón frente al abismo de la portería. Todo a su alrededor está desquiciado menos su cabeza, una fabulosa máquina que ordena ejecutar sobre el balón la potencia y el efecto exactos que desmadejen al formidable portero. Y lo clava en la red. O no. Eso es lo de menos ahora. Aquí importa el poder psicológico, el músculo mental que se ofrece a tirar ese penalti definitivo. El camino de años de entrenamiento físico y mental recorrido por un chico o una chica cualquiera hasta llegar a la élite.

Las grandes victorias son psicológicas. Eso lo sabe bien Rafa Nadal, muchas veces destrozado físicamente en la cancha de la que salió campeón gracias a su formidable cabeza. Muy pocos nacen con cualidades físicas o mentales extraordinarias, pero, con un buen entrenamiento, casi todos podemos ser excelentes en nuestras cualidades; sin él, ni el más virtuoso destaca.

Uno de los mejores escultores de cerebros es el autor del libro El entrenador mental, Juan Carlos Álvarez Campillo, psicólogo experto en liderazgo y coaching de los mejores deportistas y altos ejecutivos en España. Con ellos trabaja tres elementos esenciales: la confianza en sí mismos, el control del estrés y la gestión de las emociones para conseguir sus objetivos.

Los ejercicios para entrenar estos poderes son simples, pero, como en todo entrenamiento, hay que empezar desde abajo, sin forzar y a diario. “Todo se aprende. La mente se entrena igual que el cuerpo, y hay ejercicios para eso como los hay para tirar penaltis”, explica Campillo. Para conseguir un objetivo, hay que recordar logros alcanzados en el pasado, fijarse en los retos superados a lo largo de la vida. Eso refuerza un pensamiento esencial: “Yo soy bueno. Yo lo puedo hacer”. Así se fija la confianza en uno mismo. Después hay que entrenarla con pequeñas metas a corto plazo, cosas de muy poca dificultad que no admitan excusas y vayan creando un hábito. Gracias a la plasticidad de nuestro cerebro, así se generan conexiones neuronales que refuerzan la idea de que uno es capaz.

Es importante aislar las ideas que destruyen ese trabajo: no me va a salir, no me da tiempo… “Tenemos un saboteador interno que, en cuanto te descuidas, empieza a minarte la confianza”, advierte Campillo, “y hay que desactivarlo sin intentar evitar el pensamiento, porque eso es imposible. Hay que trabajar sobre él y convencerte de que ese no eres tú en tu mejor estado, que otras veces has demostrado que sí puedes. Volver a ti, a lo que realmente eres, sin hacer caso a esas ideas o a las opiniones de otros. Centrarte en tu objetivo, fijarte en tus logros alcanzados y confiar en tu trabajo y en tu talento. Porque esos pensamientos generan muchísimo estrés, y neutralizarlos fortalece la confianza y mantiene a raya esa tensión”.

La gestión de la presión, de la ansiedad, es otro múscu­lo esencial. Esta capacidad se gana a base de ejercicios de respiración, concentración y relajación. La atención plena, estar concentrado en la pelota y no en la grada, pensar en el aquí y ahora, y no en las circunstancias que los rodean. El estrés es la respuesta del organismo a la anticipación del futuro imaginado como amenazante. Por eso es importante centrarse en el presente y visualizar solo los futuros logros, nunca los errores, experimentando cómo se sentiría uno en ese momento de éxito.

El aquí y ahora implica gestionar un factor importante en psicología: detectar qué se puede y qué no se puede controlar, y centrarse en trabajar lo primero. “Nadie puede controlar el resultado de un partido, pero sí el llegar descansado, bien alimentado, en forma, con buenas relaciones con los compañeros y con su pareja, y confiando en su talento”, detalla Campillo.

Comer bien, descansar, mantener afectos satisfactorios… Eso hay que trabajarlo cada día igual que los bíceps, a base de hábito. Pero no se puede mantener esa disciplina sin el gran motor: la motivación. “Hay que visualizar, para poder sentirlo, cómo sería lograr algo que te haga vibrar, que te haga feliz, y una vez que conectas con eso imaginándote ahí, ya tienes la motivación. A partir de ese momento, hay que planificar los pasos para, poco a poco, llegar allí”, aconseja el coach.

“Si esa meta se va a alcanzar o no, nadie lo sabe. Pero es seguro que con este entrenamiento se va a llegar a lo máximo que cada uno puede dar”, garantiza Campillo. Al final se trata de eso, de vivir con retos e ilusiones, de remar a nuestro favor y ganar el trofeo de ser la mejor versión de uno mismo.

16 Abr 2021

POR: Javier

Ansiedad y estrés

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Cómo actuar ante una crisis de ansiedad

Conocer los síntomas es la premisa principal para poder actuar correctamente cuando es uno mismo el que sufre un ataque de ansiedad o, por el contrario se es testigo de cuando lo sufre otra persona. En este último caso, lo mejor que se puede hacer es mantener la calma y tratar de tranquilizarle y ayudarle a seguir los pasos que debería seguir si supiera reconocer los síntomas con que se inicia el ataque de pánico: malestar general, náuseas, mareos, sudoración, angustia, palpitaciones, sensación de irrealidad, presión en el pecho, taquicardia y dificultad para respirar.

Ante esta situación, una reacción adecuada implica el control de la respiración. Es importante ser consciente de que eso que se siente como una dificultad extrema para respirar no es real, sino simplemente una sensación. Y la manera de contrarrestarla es empezar a respirar lentamente y de forma profunda y acompasada, tomando el aire por la nariz (respiración pulmonar) y expulsándolo por la boca (respiración abdominal) o al revés. De este modo el aumento de oxígeno ayudará a las células de los diferentes tejidos del organismo a eliminar las toxinas que acumulan en los momentos previos a la crisis de ansiedad. Lo mejor es realizar estos ejercicios de respiración sentado o recostado.

Crisis de ansiedad

Esto ayudará a la persona que sufre el ataque de pánico a empezar a tranquilizarse e iniciar una dinámica de relajación general, para lo que puede solicitar la ayuda de alguna persona que se encuentre cerca, explicándole lo que está ocurriendo y pidiéndole que permanezca a su lado y luego que le acompañes mientras empieza a caminar lentamente, manteniendo los ejercicios de respiración. Mientras tanto, hay que repetirse a uno mismo que se trata tan sólo de un ataque de ansiedad, que no hay peligro alguno y que pasará en apenas cinco minutos.

Una vez que se ha conseguido un estado de tranquilidad mínimo hay que empezar a observar y reconocer el entorno con el fin de que no haya nada que suponga una amenaza o un riesgo. En ningún momento debe abandonarse los ejercicios de respiración, ya que es la base para reducir la frecuencia cardiaca y las palpitaciones y con ellas el resto de los síntomas iniciales hasta alcanzar la normalidad. Cuando se consigue volver a un estado de calma es necesario descansar unos momentos y evitar volver a la actividad.

Después de superada la crisis de ansiedad deberá ir al médico para que éste le prescriba el tratamiento que considere necesario. No hay que automedicarse y puede ser necesario someterse a terapia con el fin de cambiar aquellos aspectos de la forma de enfocar los problemas, afrontar el trabajo o controlar las emociones que han desencadenado el ataque de pánico.

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