10 Jun 2021

POR: Javier

Coaching / Psicología general

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Los 12 hábitos típicos de las personas resilientes

Es común pensar que la resiliencia es algo parecido a una capacidad innata, una facultad que nace de manera espontánea en algunas personas que tienen que afrontar situaciones adversas.

Sin embargo, la resiliencia no es un rasgo de la persona que nazca con ella, ni forma parte del temperamento típico de esta. Se trata de un proceso en el que el individuo entra en una dinámica de interacciones con los demás y con el entorno de manera que es capaz de superar las adversidades.

Dicho de otra forma: la resiliencia psicológica no se tiene, sino que es algo que se desarrolla y se aprende a mantener.

Es por eso que uno de los pilares de la resiliencia se encuentra directamente en los hábitos de la persona que logra desarrollarla. Estos hábitos característicos de las personas entrenadas en la resiliencia pueden ser tan variados y flexibles como maneras hay de vivir la vida, pero a grandes rasgos se pueden nombrar diez que son aplicables a la mayoría de los casos.

Las personas entrenadas en resiliencia…

¿Qué cosas tienen en común este tipo de personas?

1. Toman medidas para mejorar su autoestima

Son capaces de reconocer que las acciones que hagan hoy cambiarán la manera de percibirse a sí mismas el día de mañana. Por eso, orientan parte de sus acciones hacia la mejora de la autoestima y la autoconfianza, y lo hacen de manera más o menos consciente, para asegurarse la eficacia de estas medidas y ser constantes en esta tarea.

2. Se sumergen en tareas creativas

La creatividad es una de las formas de hacer que todo es nuestros pensamientos se enfoquen hacia la resolución de un reto novedoso. La percepción de estar creando algo original hace que este hábito sea altamente estimulante, y la sensación de haber terminado una pieza de trabajo que es única en el mundo es altamente placentera. Las personas resilientes lo saben y por eso les gusta alternar las costumbres del día a día con un poco de novedad y exigencia a sí mismas.

3. Mantienen una actitud estoica cuando conviene…

Las personas capaces de desarrollar una buena resiliencia son capaces de detectar aquellas situaciones en las que es prácticamente imposible hacer que el contexto cambie a corto o a medio plazo. Esto posibilita que no se planteen ilusiones vanas y que sus esfuerzos para adaptarse a lo que les pasa se centren en gestionar su manera de experimentar lo que ocurre en esta nueva situación.

4. … ¡Pero no dejan de buscar metas!

Aceptar situaciones que en un principio parecen abrumadoramente malas, como una ruptura tras un largo noviazgo o el brote de una enfermedad, no significa que a partir de ese momento todos los aspectos de la vida de esa persona giren en torno a ese contexto percibido como negativo. Las personas resilientes muestran propensión a sacarle partido a la atención selectiva: en vez de estar todo el día pensando en las cosas malas que les ocurren, se centran en los objetivos a desarrollar. A fin de cuentas, fijarse metas con un significado personal, por muy insignificantes o trascendentales que sean estos objetivos, es lo que nos permite gestionar bien nuestros hábitos y tomar las riendas de nuestros actos. La resiliencia consiste, en parte, en orientarse hacia el horizonte de lo posible.

5. Se rodean de personas con actitud positiva

Las personas resilientes lo son, entre otras cosas, porque han pasado por alguna situación dura que les ha movido a entrenarse en su propia gestión emocional. Eso significa que asumen la existencia de una fuente ansiógena que puede generarles tensión, y lejos de pretender ignorarla o intentar suprimir su recuerdo (algo prácticamente imposible), simplemente, dirigen la atención hacia otro lado. Por ejemplo, hacia personas de actitud positiva. Envolverse en una comunidad receptiva y que apoya a sus miembros es una buena manera de facilitar la gestión de las emociones. Hacer que haya un flujo el optimismo y ansias de superación personal que vaya desde el entorno hacia uno mismo hace que todo resulte más fácil.

6. … ¡Pero también con todo tipo de seres humanos!

Vivir la vida con normalidad incluye no estar limitado por una burbuja de amistades y conocidos que cumplan unas características muy determinadas. Por eso, alguien con un buen dominio de las estrategias de afrontamiento no tendrá mayor problema en interactuar con todo tipo de gente de vez en cuando.

7. Están todo el día haciendo cosas

¡Mientras cuando toca dormir, claro! Mantener una actitud activa las ayuda a centrarse y llegar a los objetivos deseados, lo cual a la vez repercute positivamente sobre su propia autoestima y la autoconfianza.

8. Practican deporte y/o algún tipo de meditación

La meditación parece tener múltiples beneficios, entre los que se encuentran la facilitación de aparición de pensamientos positivos y la reducción del estrés, tal y como queda explicado en este artículo. El deporte, por su parte, también sirve para relajarse y ganar en autoconfianza. Ambos hábitos, además, no dejan de ser rutinas muy sólidas para el día a día o, dicho de otro modo, pequeñas metas cotidianas.

9. Usan el humor para empoderarse

El humor es un valiosísimo recurso para quitarle importancia a las cosas a la vez que se obtiene una sonrisa a cambio. Hacer bromas sobre algo relacionado con los problemas personales es perfectamente saludable, teniendo en cuenta que se aborda el tema obteniendo una respuesta emocional que es agradable y nos libra del peso del estrés. Eso sí, en tanto que estrategia de resiliencia deberían ser bromas espontáneas y genuinamente graciosas. Auto-imponerse la tarea de hacer humor puede ser un mecanismo de defensa si sólo se tratan las bromas como una máscara.

10. Reservan momentos para pensar acerca de lo que pueden hacer a largo plazo

Enfrentarse a las adversidades significa mirar más allá del estrés o la tristeza que puede experimentarse de vez en cuando. Por eso, alguien que haya conseguido entrar en una dinámica de resiliencia planifica sus objetivos y hace que algunos de estos queden proyectados hacia el largo plazo. Esto ayuda a mantener los pensamientos fijos en aquellas cosas que pueden ser cambiadas a mejor y, además, el hecho de poder cambiar materialmente el contexto hace que sea más fácil plantar cara a las situaciones negativas.

11. Invitan a los demás a participar en sus proyectos

Las personas resilientes transforman en hábito el hecho de animar a los demás a participar en sus proyectos, sean estos simples y a corto plazo o ambiciosos y basados en un objetivo que se tardará en alcanzar. El sentido de esto es contagiar la actitud positiva a los demás y, al mismo tiempo, hacer que esta actitud positiva vuelva a uno mismo a través de la satisfacción de los otros, como un eco. Además, los proyectos que involucran a muchas personas a menudo son más absorbentes y estimulantes que los que se realizan en solitario, ya que las expectativas que los demás ponen en nosotros nos animan a continuar.

12. Se empapan de cultura

Para desarrollar resiliencia no hay nada como explorar formas de pensamiento y de acción alternativas. Y, para conseguir esto, vivir la cultura es fundamental; de este modo se descubren pensadores, autores y artistas que nos descubren su mundo mental y nos enseñan que la vida puede ser experimentada de muchas más formas de las que creímos en un principio. A fin de cuentas, a medida que crecen las opciones de pensamiento entre las que se puede elegir, crece también nuestra libertad y nuestra capacidad para experimentar las cosas de manera satisfactoria. En este sentido, las personas resilientes siempre se rodean de formas de expresión cultural estimulantes.

27 May 2021

POR: Javier

Coaching

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Talentos escondidos

Todos tenemos algún valor añadido que nos puede ayudar a destacar en cualquier aspecto de la vida. Solo es cuestión de pararse a pensar, identificar las cosas que hacemos sin apenas dificultad y ponerlas muchas veces en práctica hasta afianzar nuestras fortalezas.

Al preguntarle sobre sus talentos, muchas personas vacilan e incluso no responden. Piensan que no poseen capacidad alguna o se sienten inseguras de ello. Eso en verdad es sorprendente, porque implica desconocer uno de los activos más valiosos que poseemos, si acaso no el que más: nuestro propio valor añadido. Pero, para empezar, ¿qué es un talento? Es lo que conocemos también como un don. Es una facultad que viene incorporada en nuestro ADN. Ese carácter natural es el que hace que algunas veces se les considere como algo místico o religioso. ¿Quién no ha oído alguna vez la frase: “Dios le dio el don de la palabra”? Las capacidades con las que nacemos son completamente distintas al conocimiento, que vamos adquiriendo con los años. Es verdad que los talentos se pueden mejorar con el tiempo, pero se desarrollan sobre una base. Y cuando se trabajan pueden convertirse en fortalezas, nos subirán la autoestima e incluso pueden ayudarnos a ser mejores profesionales. De allí la importancia de su reconocimiento.

En muchas ocasiones, no desarrollamos nuestros talentos en el trabajo, lo que nos genera una frustración continua.

Todos tenemos algún don. Es posible que no sean extraordinarios o no los tengamos tan desarrollados como otras personas, pero están ahí. Lo primero que tenemos que hacer es aprender a identificarlos. Y para eso es básico conocer nuestra personalidad. Esos rasgos pueden incluso pasar inadvertidos para la propia persona que los posee. Me ocurrió cuando entré a trabajar en Gallup, la compañía internacional de investigación de mercados y encuestas. Tuve que pasar una prueba de talentos. Para mi sorpresa, la primera cualidad que detectaron en mí fue que era una persona capaz de almacenar mucha información, tangible o no. Ya sean libros o datos. Esa destreza es muy ventajosa en ciertos campos como la investigación y la docencia. Cuando leí la descripción detallada, lo supe reconocer, pero nunca le había prestado atención.

Hay todo tipo de estudios para reconocer y clasificar los talentos humanos. Gallup, por ejemplo, tiene cuantificados 34. Algunos son la empatía, la disciplina, el saber poner el foco en lo realmente importante, la armonía… Otra capacidad muy valiosa suele ser la competencia. Seguro que ha conocido gente que en cualquier situación, ya sea en un juego o en una reunión de trabajo, saca a relucir que es alguien competitivo. Se comparan con los demás y siempre quieren ganar. Aunque algunas veces pueden llegar a ser pesados (y en los casos extremos, malos compañeros y amigos), si usted necesita conformar un equipo de trabajo, seguramente querrá tener a gente con ese perfil para conseguir los mejores resultados.

En muchas ocasiones, nuestra labor profesional no está nada alineada con nuestros talentos. Esa es una fuente de tensión y frustración que impacta negativamente en nuestra productividad y bienestar. Nos aburre nuestra rutina, sentimos que no estamos desarrollando lo que realmente se nos da bien y acabamos perdiendo la ilusión. Esta actitud también puede explicar nuestra falta de compromiso y entusiasmo con el trabajo. Es más común focalizarnos en nuestras debilidades para intentar superarlas que pensar en cómo podemos desarrollar nuestras fortalezas. Un error. Su prioridad debería ser desarrollar sus talentos, pues, en general, es más lo que puede ganar haciendo esto último que lo primero. Los avances pueden ser enormes y muy rápidos; simplemente porque tiene una base natural sobre la que construir. Esto no significa que no trabaje sobre sus debilidades; lo que quiere decir es que su prioridad debe ser desarrollar sus aspectos más positivos.

Lo puede hacer de múltiples formas, con diversos grados de sofisticación. Una idea muy recomendable es hacer una lista de las cosas con las que se sienta más feliz y que realice con mayor facilidad. Una manera fácil de descubrir su valor añadido. Luego puede seguir indagando, preguntar a la gente que lo conoce bien qué es lo que ellos consideran que son sus principales fortalezas. Se llevará gratas sorpresas y posibles coincidencias. En Internet también encontrará algunos test de personalidad que le ayudarán a definir sus defectos y virtudes. Pero claro, para convertirse en un superhombre o una supermujer tendrá que dedicarle tiempo.

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