10 Sep 2021

POR: Javier

Comportamientos / Fobias / Psicología general

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El miedo esculpe el carácter

En la película Vértigo (1958), de Alfred Hitchcock, el protagonista que encarna James Stewart sufre acrofobia. Un pavor al que tendrá que enfrentarse para resolver el misterio que envuelve la trama. El miedo a las alturas es solo uno más de muchas otras fobias que solemos sufrir los humanos. Existen temores de baja y de alta intensidad que no siempre están justificados. Tener pavor a las serpientes entraría en la segunda categoría. La probabilidad de encontrar un animal peligroso en una ciudad es ínfima y, aunque nos puedan aterrar, se consideran miedos de poso reducido. Se trata de un temor que no nos afecta o perjudica en el día a día. Por el contrario, los de baja intensidad, más cotidianos (como el pánico a sufrir un accidente de coche o un robo), están siempre ahí y, precisamente por eso, acaban influyendo en nuestro carácter.

El temor a hablar en público, el miedo a las arañas o a la oscuridad son algunos de los traumas de las sociedades más desarrolladas.

Así como los miedos de alta intensidad pueden ser completamente personales (serpientes, arañas, atentado terrorista…), los cotidianos constituyen a menudo territorios comunes determinados culturalmente. Sin embargo, hay fobias que compartimos con mucha otra gente. Los usos y costumbres de cada sociedad forjan una serie de manías que se reiteran en los individuos. Por ejemplo, si hace el ejercicio de escribir en un buscador de Internet las palabras “miedo a…”, la propia herramienta completará la frase de acuerdo a las búsquedas que han hecho otras personas. A mí me ha sugerido: temor a conducir, a la muerte, al compromiso o a volar. Curiosamente, si lo escribo en inglés (Fear to), el buscador indica miedo a las alturas, al fracaso y a la oscuridad. Solo el pavor que nos da montarnos en un avión coincide en los dos idiomas. Por el motivo que sea, parece que a los anglosajones les aterrorizan otras cosas que a los castellanoparlantes.

Estados Unidos y Reino Unido suelen publicar en revistas especializadas de psicología o psiquiatría los miedos más comunes de su población. Los resultados varían, pero, sea cual sea la fuente consultada, hay una serie de temores compartidos en la cultura occidental. Uno de los más comunes es hablar en público, un temor casi inexistente en ámbitos rurales o países en vías de desarrollo. Volar es otra de las grandes fobias de la población de los países desarrollados. Le siguen la aracnofobia (a las arañas) y la mictofobia (a la oscuridad). Es curioso, porque todas estas estadísticas revelan que las principales fobias responden a cosas que difícilmente van a suceder. Si son fenómenos improbables, ¿por qué los tememos? Porque es la cultura lo que los determina y no los hechos.

La analista de liderazgo profesional Pilar Jericó, en su magnífico libro No miedo: en la empresa y en la vida (editorial Alienta), explica que durante la construcción de los rascacielos de Manhattan a principios del siglo XX, los constructores tuvieron problemas para encontrar obreros que quisieran trabajar colgados a los andamios y tuvieron que recurrir a los cherokee. En este grupo de indios americanos no estaba tan extendido el miedo a las alturas como en las familias de inmigrantes europeos. Lo curioso es que cuando los rascacielos estuvieron acabados, esos mismos indios se negaban a tomar el ascensor que los subiera a las mismas plantas que ellos habían construido porque en su cultura estaba muy arraigado el temor a los artilugios que se movían por electricidad. Lo mismo sucede en otros entornos sociales. En una familia, por ejemplo, los hermanos suelen tener manías similares, fobias cotidianas determinadas por los hábitos de su hogar. Este tipo de sentimientos no tiene nada que ver con su personalidad, sino con la herencia que han recibido en casa. En las empresas y organizaciones, los miedos comunes determinados se elevan a la enésima potencia. Las posibles represalias, las actitudes de la jerarquía para con sus inferiores y un largo etcétera de acontecimientos y maneras de dirigir conforman temores organizativos que se contagian entre empleados.

Todos estos miedos se tratan de una sola manera. Con información contrastada, comunicación y tarea en equipo, ya sea con la familia o con los compañeros de trabajo. Las fobias heredadas culturalmente se superan mejor en compañía. Porque el miedo de un equipo de personas es inferior al de un individuo aislado.

14 May 2021

POR: Javier

Fobias

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Aerofobia o miedo a volar

Las estadísticas señalan que uno de cada tres usuarios de los aviones tiene miedo a volar, lo que se conoce como aerofobia. Y es por ello que las compañías aéreas ofrecen a sus usuarios cursos gratuitos para ayudarles a vencer el miedo y que se realizan en parte en el interior de un avión.

El miedo a volar puede ser una fobia en sí misma, sustentada generalmente por la posibilidad de sufrir un accidente; un riesgo que, sin embargo, es menor que en cualquier otro medio de transporte, especialmente el coche. En ocasiones, sin embargo, la aerofobia tiene otros componentes que pueden agravarla, como es la claustrofobia o el miedo irracional a la altura (acrofobia).

En cualquiera de los casos este miedo a coger un avión causa un intenso sufrimiento a quien lo padece, siendo la ansiedad la forma más frecuente de manifestarlo, si bien en los casos más graves pueden producirse ataques de pánico o vómitos incluso antes de subir al avión o con sólo pensar en tal posibilidad, lo que a muchas personas les lleva a negarse a utilizar este medio de transporte. No obstante, son muchos los profesionales y empresarios que se ven obligados a viajar en avión pese al miedo a volar que puedan sentir.

Las compañías aéreas son conscientes de ellos y en la actualidad ofrecen a las personas con aerofobia terapias para vencerla mediante la realización de cursos que tienen dos componentes fundamentales:

  • Educación: la falta de información y las falsas creencias sobre el funcionamiento de los aviones, su seguridad es en muchas ocasiones la base del miedo a volar. Estos cursos permiten vencer este obstáculo y se completan con una terapia de exposición, haciendo que las personas que los realizan entren en un avión para realizar parte de este curso.
  • Terapia psicológica: el hecho de hacer que las personas con miedo a volar suban a un avión durante el curso es un modo desarrollar una terapia conductista, basada en la exposición a la causa del problema. Pero en la actualidad se va incluso un poco más allá y en algunos casos se utilizan los simuladores de vuelo o técnicas de realidad virtual para que el paciente tenga una exposición directa al hecho de volar. Sentir las turbulencias, identificar por sus causas los sonidos que se pueden escuchar durante el vuelo y reproducir todas las sensaciones que se pueden experimentar en el mismo ayudan de forma significativa a superar la aerofobia.

No obstante hay una serie de consejos que pueden ser muy útiles si, pese a sufrir aerofobia, se ha de viajar en avión:

  • No evitar pensar en el hecho de que debe volar. Muy al contrario, es bueno revisar mentalmente cómo va a desarrollar la jornada en la que se va a viajar en avión.
  • Informarse adecuadamente sobre el funcionamiento del avión y su seguridad frente a otros medios de transporte, como el coche.
  • Evitar el estrés el día del vuelo, afrontando la jornada relajadamente y sin prisas. Conviene no tomar bebidas excitantes desde el día anterior.
  • No tratar de ahogar el miedo en alcohol, pues se puede producir el efecto contrario al deseado e incrementar el miedo.
  • Lo mejor es elegir un asiento de pasillo para evitar mirar por la ventanilla.
  • Realizar ejercicios de relajación permitirá vencer la ansiedad que genera el miedo a volar.
  • La lectura, la música u otras distracciones similares ayudarán a abstraerse del hecho de que se está volando. Si se puede dormir, aun mejor.
  • Las turbulencias son una circunstancia frecuente en los vuelos. Se ha de pensar que el piloto sabe lo que hace y que el avión está preparado para aguantar turbulencias bastante mayores que las que se suelen producir en los vuelos comerciales.
  • Para viajar en avión lo mejor es llevar una vestimenta lo más cómoda posible.
  • Mejor comer ligero el día del viaje.
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