las expectativas 23 Jul 2021
El poder de las expectativas

POR: Psiconómada

Comportamientos / Psicología general

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Las expectativas

Para empezar, es necesario resaltar un experimento llevado acabo por el psicólogo Robert Rosenthal en 1963, en el que se demuestra, cómo los resultados de las pruebas variaban según las expectativas que los investigadores tenían en ellas. En consecuencia, este artículo (publicado en la revista American Scientist) daba los indicios de que las expectativas también influían de manera directa en el entorno escolar; en el que se plantea que las expectativas que los profesores tienen sobre sus estudiantes afecta directamente sobre el rendimiento académico de los mismos.

Años después, la directora de una escuela pública de California, llamada Lenore Jacobson, firmaría junto con Robert, uno de los estudios psicológicos más importantes de la década: Pigmalión en las aulas.

Pigmalión en las aulas.

En este intento por corroborar en el ámbito académico, el poder que tienen las expectativas sobre el resultado final, la directora Jacobson y el psicólogo Rosenthal, reunieron a 320 estudiantes de seis cursos diferentes, para aplicar en ellos una una prueba de inteligencia. Una vez obtenidos los resultados, logran evidenciar que  los resultados no variaban demasiado entre ellos. Por tanto, pasan a la siguiente etapa.

salon de clase lleno
Experimento Pigmalion

Seleccionan de manera aleatoria a 65 estudiantes de los 320 que presentaron la prueba, para efectos de la misma, se miente a los profesores sobre el informe de los estudiantes seleccionados, en el que indican que obtuvieron resultados por encima de la media, proclamando que se podría esperar mucho de ellos. Del resto de estudiantes no dijeron absolutamente nada. Después de acabado el curso, se repitió la prueba a los mismos 320 estudiantes, para sorpresa, los 65 a lo que de manera aletoria habían proclamado como más inteligentes, obtuvieron una mejora considerable en el resultado. Este evento fue bastante llamativo, sobretodo en los niños más pequeños.

notas-resultados
Cambio de notas

Pero… ¿Cómo influyen las expectativas según el efecto Pigmalión?

Durante el tiempo que transcurrió desde la prueba inicial, hasta finalizar el año, las expectativas que se generaron a los profesores sobre sus estudiantes, se volvieron una realidad.

¿Qué permitió que eso pasara? Después de un proceso de observación, se detecta que los profesores de manera inconscientemente, daban un trato ligeramente diferente a aquellos 65 estudiantes con respecto al resto de ellos: se denotaban gestos más gentiles, más sonrisas, un contacto visual más prolongado y sus elogios eran más evidentes.

Este efecto ha penetrado en la cultura popular al pasar los años. Apropiando estas ideas, se crea el mito de que el poder de la mente es prácticamente infinito, con la premisa: “si deseas algo con la suficiente fuerza, se convierte en realidad” Escritories como Paulo Coelho, lo plantean así: “Cuando quieres realmente una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla”. Así mismo para la famosa “Ley de la atracción”.

Pigmalion en las aulas
El poder de las expectativas

Hay que tener cuidado

No hay que llevar el efecto Pigmalión a la exageración, pues se puede obtener un efecto inverso que puede llevar a la no-acción, y seguidamente el fracaso. El poder de las expectativas es limitado, si bastara solo con desear frenéticamente algo para que esto se cumpla, el trabajo no sería necesario.

Los resultados que queremos no se pueden obtener estando acostados a la espera de una respuesta del universo. Aquellos que caen bajo este efecto, son denominados por los psicólogos como un “locus de control externo” en el cual, las personas perciben los eventos externos como algo completamente aleatorio, atribuyendo así el éxito, los fracasos y creen que nada se puede cambiar porque todo está predetermiando por el azar,, la suerte, el destino o por las acciones de otros. Adoptan una actitud pasiva ante la adversidad.

En estudios más recientes, se evidencia que,

 “Las personas que se sienten convencidas de que encontrarán trabajo pronto, reducen sensiblemente sus probabilidades de permanencia en el paro” (Piqueras, Rodriguez y Rueda, 2008)

Es decir, no sienten el paso del tiempo y tienden a conseguir el empleo de manera más rápida que los que tienen expectativas negativas, llegando a marcar una diferencia hasta de 14 meses. La pregunta en cuestión es, ¿qué ha marcado la diferencia para que los optimistas logren conseguir empleo más rápido?

Claro está: las acciones, porque solo nuestras decisiones y acciones son las que determinan las condiciones para que se desarrollen los eventos, sea cual sea su índole. Lo que posibilitó la mejora considerable en la segunda prueba realizada en los estudiantes proclamados como más inteligentes, fue la atención especial por parte de sus profesores y un mejor trato personal. Aquellas acciones dieron pie a un desarrollo académico óptimo, comparado con el resto. En el estudio sobre el empleo, los optimistas que lograron obterlo de manera más efectiva, lo lograron porque esas expectativas les llevaron a mejorar las estrategias en la búsqueda de empleo, a diferencia de los que pensaban “no hay nada que hacer”.

tú puedes
Las expectativas

Detrás de cada persona que toma homeopatía y “le funciona” también están las expectativas: se conoce como efecto placebo a la remisión de síntomas producida al consumir una sustancia inactiva, debido a la fe que tiene la persona en la eficacia del remedio. Y es un efecto tan potente que cualquier investigación científica en la que se administra un tratamiento debe tenerlo en cuenta para que las expectativas, tanto de quienes realizan el experimento como de quienes prueban los nuevos fármacos, no interfieran con el resultado final. Es lo que se conoce como “estudios de doble ciego”, en los que la mitad de los participantes reciben un fármaco “real” y la otra mitad un placebo (sustancia inactiva con el mismo aspecto que el fármaco auténtico). Ni los investigadores ni los participantes en el estudio saben quién está tomando fármaco o placebo, ambos son “ciegos” a esta información. Al analizar los resultados, el fármaco debe resultar superior al placebo para poder afirmar que es efectivo.

Como se desprende de estos ejemplos, la biología también está muy implicada en este fenómeno: las expectativas que tenemos a la hora de enfrentarnos a una determinada tarea influyen en nuestro nivel de actividad cerebral, y ello en nuestras posibilidades reales de éxito o fracaso. Esto lo observaron en 2010 un grupo de neurólogos del California Institute of Technology. Descubrieron que el nivel de esfuerzo cerebral de una persona ante una tarea determinada depende de su acercamiento personal a la misma, esto es, si cree que va a tener éxito o si cree que va a fracasar. Los optimistas (aquellos con expectativas positivas), muestran más actividad una zona cerebral llamada córtex parietal posterior que los pesimistas. Y a más actividad de esa área, más probabilidad de resolver exitosamente la tarea a la que habían sido encomendados.

Así, creer que tendremos un mal día nos generará el estado emocional necesario para que así sea. Creer que una relación no va a funcionar nos impedirá invertir los esfuerzos necesarios para que funcione, y finalmente fracasará. Preste atención a sus expectativas, ya que éstas poseen mucho poder. Y recuerde: este poder no es mágico ni místico, sino que tiene mucho que ver con los recursos que movilizamos para lograr nuestras metas.

El mito de Pigmalión

Según la mitología griega Pigmalión era un príncipe que, buscando a la mujer perfecta con la que formar matrimonio, decidió esculpirla en piedra. Noche y día tallaba la piedra para adaptarla a la imagen que él tenía en su mente de la mujer ideal, hasta el punto en el que acabó enamorado de su propia creación, a la que puso por nombre Galatea. Y tal era su pasión por ella que la diosa Venus se apiadó de él y dio vida a Galatea: los deseos de Pigmalión acabaron convirtiéndose en realidad.

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